jueves, 31 de mayo de 2012

Dame lo que más quiero



Hoy he tenido un sueño. No sabría describir muy bien todo lo que ocurría en él... Apenas recuerdo vagamente las figuras que aparecían y se mostraban ante mis ojos, pero sí recuerdo algo. Es lo único que se ha quedado grabado a fuego en mi memoria. Fue un instante fugaz, efímero, pasajero que vino tan rápido como había llegado y sin embargo ahí está. Esos labios, carnosos y perfectos, que se acercaron a los míos y me mostraron todo un mundo de sentimientos. ¿Cómo poder expresar todo lo que sentí con palabras? Ternura, dulzura, pasión, desenfreno, amor e incluso tristeza. Todo eso lo provocó un único gesto tuyo y fue como volver a ver aquella película nuestra. 

Me hizo recordar aquella escena de “Cinema Paradiso”, cuando Salvatore ve pasar miles de momentos, besos, emociones que embargan su corazón y rozan su sensibilidad hasta tal punto que consiguen hacer resbalar sendas lágrimas por sus mejillas. Y así estaba yo. Viendo ante mis ojos nuestros momentos juntos, nuestras caricias, abrazos, miradas y palabras descritas en una única imagen nítida en aquel sueño borroso. La imagen de tus labios posándose sobre los míos, acariciando delicadamente mi boca y buscando en mí todo lo que tenía para ti. Y llegó la tristeza, el abandono y la soledad cuando te separaste de mí y dejaste que tus labios se alejaran de los míos negando todos los besos que podrías haberme dado.

Desperté de golpe en mi cama. Toqué mis labios suavemente, recordando, sintiendo el hormigueo y el calor de tus labios posados en los míos y deseé que no hubiera sido un simple sueño. Puse la radio, pero fue una mala idea porque todas las canciones me recordaban aquel momento. Todas hablaban de amor, mencionaban los sentimientos y sobre todo los besos que querían dar. Y entonces lo supe. Tenía que olvidarte, tenía que buscar otros besos, en otra gente, en otros lugares y momentos, hacer que ellos borraran tu marca de mis labios y lo intenté. Busqué, encontré, probé y experimenté con todo, pero fue inútil y mientras bajaba la calle te vi al final de la misma. Ahí estabas tú, mirándome fijamente, viéndome bajar hacia ti y me mordí los labios intentando olvidar lo que más deseaba y queriendo gritarte: “y esto es lo que quiero besos” del Canto del Loco modificándolo exclusivamente para nosotros. Diciéndote al oído “y esto es lo que quiero... tus besos.”

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