lunes, 4 de junio de 2012

"Here I am, will you send me an angel"









No recordaba cuándo había cerrado los ojos, cómo me había transportado a ese nuevo mundo, que estaba segura era inventado por mi imaginación, pero que se abría ante mis ojos entreabiertos. Me incorporé pesadamente y observé todo lo que me rodeaba. ¿Dónde estaba? ¿Por qué había despertado allí?Me levanté rápida tras sentir la caricia de la hierba en mi piel y caminé hasta un enorme tronco, ancho, alto, envejecido por el paso de los años, pero aún permanente en aquel mundo extraño y desconcertante. Me fijé en su corteza, en las finas líneas que cruzaban su cascarón, pero nada me habría preparado para escuchar la voz que salía de su interior y parecía hablarme. Era realmente anciano, quizá milenario y en su sabiduría encontré el coraje para explorar aquel lugar desconocido para mí. Aquellas palabras “mientas que los años pasan” se quedaron grabadas a fuego en mi alma.

El hermoso paraje se asemejaba a un auténtico cuento de hadas, los árboles se extendían a mi alrededor como una hilera, mientras que las plantas florecían a ambos lados. La luz de sol me iluminaba como si me protegiera, como si quisiera cuidar de mí. Al alzar el rostro al cielo, al contemplarlo más atentamente descubrí que éste se cernía sobre mí inundado de nubes oscuras, grises, que acaparaban toda la luz y dejaban mi alrededor en penumbras.

Caminé, pero pronto comprendí que debía correr. El miedo me atenazaba, se apoderaba de mi respiración y también de mis palabras, apenas podía soltar ni un suspiro y mis piernas solo obedecían a la orden de “correr”, era lo único que procesaba mi cerebro, pero... ¿De qué corría? ¿Cuál era la amenaza? Ninguna o quizá sí que la había. No tuve tiempo de pensarlo, apenas había empezado a llover, pero tres simples gotas se convirtieron en una verdadera tormenta de agua que caía sobre mí mojándome por entero, sintiendo cómo ellas resbalaban por mi piel y se colaban en mi cuerpo.

Corrí todo lo que pude, esquivando todo tipo de suertes, pero no fue suficiente. Las rosas se clavaron en mí con sus espinas malintencionadas y permanecieron inmóviles a pesar de que mis brazos sangraban. Gotas de agua y sangre que resbalaban y me dejaban aún más perdida de lo que ya estaba. Al contrario que minutos antes, mis piernas se negaban a responder a cada orden mía, y la opresión en mi pecho, la sensación de ser perseguida, cazada como un simple animal se intensificaba.

Tropecé como jamás lo había hecho cayendo de rodillas sobre el frío y embarrado suelo, con mis rodillas hincadas firmemente en el suelo sin poder moverme ni un ápice. Cerré mis ojos, cansada, exhausta, rendida por el esfuerzo... La luz blanca, fina e intensa que se proyecto en mi dirección cegaba mis ojos y apenas podía distinguir la silueta que se transformaba al otro lado. Alcé las manos, reclamando su ayuda, pidiendo que me sacara de aquel lugar que estaba soñando, pero no pasó nada. Y cerré de nuevo mis ojos, dejando que las lágrimas rodaran por mis mejillas, que la desesperanza se apoderara de mi cuerpo completamente.

El silencio reinó en aquel paraje, ningún árbol se movía, ningún ser vivo, solo la oscuridad a mis espaldas y el más bello resplandor iluminando mi rostro. Apreté los labios sintiendo las ganas de gritar, pero una voz me acalló. “¿Quién te levantara si no eres tu misma? ¿Qué mueve tu confianza, el corazón?”, la escuchaba tan atentamente que pensé por un momento que todo se había desvanecido a mi alrededor, pero sus últimas palabras fueron el verdadero consuelo: “Cierra los ojos y encontrarás el final de la oscuridad”.

Me mordí el labio, apreté mis manos contra el suelo, sentí el barro llenándolas... Me impulsé con mis rodillas y conseguí levantarme, alzarme de nuevo, como si fuera una persona completamente nueva, renacida... Caminé despacio, con pasos imprecisos ante aquella luz, aquella silueta que me tendía la mano, invitándome a estrecharla. Ladeé mi cabeza y observé cómo la oscuridad, la lluvia y el desaliento retrocedían despacio alejándose de mí, de todo lo que tenía que ver conmigo. Estreché su mano con fuerza y sentí la energía que se colaba en mi piel, la luz que iluminaba mis ojos, la sensación de bienestar que se apoderaba de mí.

Volví al paraje que habían visto mis ojos por primera vez, más sin embargo, jamás pude ver el rostro al que pertenecía aquella mano que me había ayudado. ¿Quizá era un ángel rescatándome? ¿Qué debía pensar? Ya no importaba...

Desperté en mi cama, bajo las mantas con las que me había tapado, en la misma postura en la que me encontraba al cerrar los ojos. Toque mi pecho, el centro e incluso así pude sentir el latido de mi corazón acelerado. Quizá solo había sido un sueño, un producto de mi imaginación, pero... ¿Quién no ha soñado con sus más secretos temores? Y llegué a una simple conclusión: Únicamente está en nuestra mano poder salvarnos, poder seguir adelante, dejar el pasado, el sufrimiento y la tristeza a un lado, seguir nuestro corazón y hacer lo que es correcto para nosotros. Ese es nuestro verdadero poder, el que tenemos todos en nuestro interior.

Quizá fuera un ángel, o tal vez una sombra, una proyección de mi yo más espiritual que me impulsaba a seguir, o ninguna de los dos. Quizá esos a los que consideramos ángeles, son todas esas personas que nos dejaron atrás y aún siguen cuidándonos, sin revelarnos quienes son. De una cosa estoy segura, no son ángeles con alas y aureolas, sino verdaderas fuerzas que nos impulsan y nos recuerdan que nuestro corazón, nuestro yo interior es lo que más debemos cuidar, es el único que nos puede salvar.

Saliendo de este pequeño relato, debo decir que esta canción me ha inspirado para escribirlo, es escucharla y mi imaginación se desboca. Espero no haberos asustado con este relato, pero para ver la luz primero debemos saber qué es la oscuridad y aprender a combatirla. Gracias a todos los que me leéis

4 comentarios :

  1. ¡¡Mamma mía!!Sinceramente yo no suelo recordar mis sueños, pero hay uno que se me repetía cuando era más pequeña como un mantra; nunca les quiero encontrar significado, pero leyendo tu relato...

    Y ahora en un tono más alegre ¿una canción de cuatro minutos te hace pensar todo eso? Dios mío ¡préstame imaginación, gracias! ;)

    Me encanta como escribes...!

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    1. Quizá deberías buscarle el significado y podrías sorprenderte. Me gustaría saber qué ángel te tiende la mano jajajaja.

      En realidad la canción y mi mente loca han creado esto... Tú tienes mucha imaginación aunque no te lo quieras creer que lo sé yo, que lo he visto con estos ojitos.

      Mil gracias por tu comentario porque sabes que ayudan un montón, pero solo con saber que lo lees me basta y me sobra.

      :)

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  2. Sabes que soy una gran fan tuya y es por cosas como estas! Ya no sólo como escribes, que es increible el sentimiento que le pones y sabes que me encantaría escribir la mitad de bien que tú, si no por esa gran imaginación y lo fácil que haces que parezca todo! Y se que no lo es. Gracias por compartir estas cosas!

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    1. De nada a ti por leerlas para empezar. Muchas gracias por este comentario y por unas palabras tan bonitas. Entre las dos vais a conseguir ponerme rojas, pero créeme que tú escribes bien aunque lo niegues!!

      Para escribir una cosa hay que vivirla y sentirla como tuya, al menos si quieres que la cosa salga bien, por eso todo lo que hay aquí está escrito así.

      :D

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