lunes, 11 de junio de 2012

¿Jugar o dejar que juegen contigo?

Sonic y Mario en un mundo inventado

Todos los días nos parecen iguales, pensamos ingenuamente que nada distingue uno de otro, simplemente abrimos los ojos, dejamos la oscuridad de la noche a un lado, desperezamos nuestro cuerpo y nos levantamos de esa gran o pequeña cama que está en medio de nuestra habitación. Pensamos que estamos gobernados por la monotonía, la homogeneidad, el aburrimiento sin darnos cuenta de que cada nuevo día es una nueva aventura.

En cuanto ponemos nuestros pies en la calle comienza la aventura casi como si apretáramos el botón de inicio de nuestro juego. Sí, nuestra vida es como un videojuego... Saltamos, esquivamos, corremos para coger un autobús como cualquier protagonista. ¿Es cierto? ¿Nos hemos convertido en personajes de cuentos, de juegos que viven y juegan su propia vida?

Sí, cada día es un nuevo reto para nosotros, pasamos las pruebas, hacemos lo imposible por terminar el día y conseguir nuestro objetivo, sea a corto o a largo plazo. Quizá en nuestro camino, cuando andamos por la acera no encontremos setas mágicas como nuestro buen amigo y fontanero Mario, ni tampoco encontremos golosinas que nos ayuden a recuperar las fuerzas como el pequeño Potter. Más de uno pensará que debemos dar gracias de no encontrarnos en nuestro camino cosas peores que un chicle o un trozo de papel que se pegue a la suela de nuestro zapato y recorra el camino pedregoso con nosotros.

A veces la ficción es tan parecida a la realidad que no nos damos cuenta de la vida que estamos perdiendo, que estamos dejando escapar en ese juego que es la vida. Y todo se fragmenta. ¿Quién es amigo y enemigo? ¿De quién puedes fiarte realmente? Jamás lo sabrás a ciencia cierta, pero sí sabes que todos los días debes enfrentarte a tu jefe, a tu superior, ese que tanto te recuerda al malvado brujo del cuento. Juegas y creas alianzas, te granjeas enemigos, recoges dinero que te ayudará a conseguir los recursos que necesitas, te proporcionará una casa, un coche, una vida confortable, pero también tendrás que acarrear con cada una de las estocadas que te den por el camino.

¿Qué gana realmente? ¿Las buenas acciones que nos reportan felicidad o las estocadas que intentan acabar con nuestro ánimo y hundirnos hasta que la partida quede finalizada? Una lucha que se repite día a día, año tras año... Y es cuando volvemos a casa, cuando después de un día largo, pesado y cansado, nos metemos entre nuestras sábanas, en nuestro santuario y cerramos los ojos. Ahí perfilamos a ver a una persona que se aparece ante nosotros, pero que no distinguimos claramente. Parece que sujeta algo entre sus manos, tiene forma de mando y una sonrisa cruza su rostro, una sonrisa diabólica y confiada, de aquél que sabe que tiene el poder en sus manos.

No somos nosotros los que estamos reflejados en esa imagen que vemos en nuestra mente, que se clava en nuestros párpados cerrados sino ELLOS. Aquellos que juegan con nosotros, que disfrutan y se creen que son capaces de acabar con nuestra vida, nuestras esperanzas y alegrías simplemente apretando el botón de “apagado” dejando que nuestro juego acabe y quizá pueda ser así, pero no hemos nacido guerreros, no hemos recorrido un camino tan largo para acabar desconectados como si todo lo que hemos conseguido se borrara con un simple destello en la pantalla.
Sin duda, deberíamos haber hecho más caso a Matrix, ellos sí que vieron la realidad desde el principio. Ingenuos de nosotros pensamos que el mando lo controlamos nosotros, que jugamos y hacemos con nuestra vida lo que queremos. Puede que sí... Puede que no.
¿Podemos revelarnos ante ese poder autoritario que pretende acabar con nosotros? Claro que sí. Sostener el mando no es manejar el poder. Las cosas se tambalean, la voluntad se derrumba y si nosotros tenemos la fuerza de traspasar la pantalla, de arrebatar ese arma que nos controla, que nos quita la voluntad y conseguimos manejarlo entre nuestras manos tendremos por fin el control de nuestra vida.

Vale y ahora pensaréis... ¿Qué le ha dado a esta para mezclar la vida real con un juego? No es que me haya levantado y haya dicho hoy escribo sobre esto. Llevaba mucho tiempo dándole vueltas y quería matizarlo en mi mente antes de escribirlo. Es algo que pienso, que tengo arraigado y que cada día está más presente para mí. Jugamos a mucho, sobre todo los niños pequeños, pero el gran juego y el más importante es el de la vida.

Dominar o que nos dominen

1 comentario :

  1. Sinceramente, es uno de los textos que más me ha gustado de los que he leído por aquí (de momento). Porque no hay nada mejor con qué comparar a la vida que con un vídeojuego, porque siempre... ganas o pierdes. Pero está claro que en la vida si llegas a una especie de Game Over no te queda otra que tirar para delante para salvar a la princesita ;)

    Me ha encantado. Ojalá todos fuésemos fontaneros y tuviésemos el mismo poder que Mario...

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