martes, 19 de junio de 2012

Muñeco de trapo



Un muñeco. Siempre he querido construirlo, construirte. Y lo único que necesitaba eran trapos, tijeras, aguja e hilo, nada más. Comencé mi tarea lentamente recortando tu cabeza y otorgándote así inteligencia, razonamiento, conocimiento, en definitiva, una buena educación. Fue tan fácil cortar y darle forma al tronco que constituiría tu cuerpo, ofreciéndote así la posibilidad de sentir energía, de enfermar, y saber que en cualquier centro hospitalario, podrían curarte y ayudarte a mejorar. Y cuando quise darme cuenta estaba cosiendo tus piernas y brazos a todo ese conjunto de miembros ofreciéndote el trabajo, el ocio, los viajes y tu futura pensión. Esa que te procuraría una tranquilidad en tu vejez de muñeco.

Y llegó aquel fatídico día que había estado retrasando. La vida es dura, cruel, despiadada y más si eres un pequeño muñeco. Te cogí entre mis manos y miré tus ojos inexpresivos que me preguntaban silenciosamente porqué lo hacía y no supe qué contestar.  Cogí aquellas tijeras que pensé que nunca más volvería a utilizar contigo y recorte tus brazos privándote del trabajo, del sustento, de la tarea que te había sido encomendada; cercené tus piernas obligándote a dejar tus sueños de viajar, de divertirte, de disfrutar de tu vida; amputé tu cabeza arrebatándote la enseñanza, la formación e incluso la cultura que habías adquirido en todos estos años juntos. Y ya sólo quedaba de ti, tu cuerpo. Seccioné tu torso dejando que un reguero de sangre inexistente fluyera fuera de ti y acabara con todo tu ser. Te solté y caíste al suelo como el muñeco muerto que eras. Tu situación era tan parecida a la mía, me sentía recortada por todas partes...

Sentí un dolor en mi pecho que se extendía por todo mi cuerpo al verte allí, tirado, desmadejado, indefenso y reparé en que no había acabado con todo tu ser. Mantenías tu corazón, tu autonomía, tu voluntad, tu libertad. Y di gracias de que aquellas tijeras que habían sido blandidas por mis manos y que te habían infligido tanto daño y dolor no hubieran acabado con esa parte de ti. Podré darte vida nuevamente cuando esta crisis, que pesa sobre nuestros hombros, se evapore y nos dejé respirar con tranquilidad. Compraré aguja e hilo y te devolveré todo lo que tuve que quitarte, lo que es tuyo y te pertenece. Empezaré de nuevo, te repararé y en cierta forma será como reconstruirnos a nosotros mismos.  



La primera vez que escribí este texto me emocioné porque verdaderamente me imaginé a ese pequeño muñeco siendo creado, después traicionado por aquél que le había dado la vida, pero sobre todo porque le habían quitado todo. Sé que ahora mismo nadie quiere leer sobre crisis ni mucho menos, pero necesitaba plasmarlo y no encontré mejores palabras para hacerlo.
Creo sinceramente que podemos reconstruirnos a nosotros mismos, siempre y cuando seamos capaces de darnos cuenta, y de actuar en consecuencia.

GRACIAS!

2 comentarios :

  1. Es un texto muy realista, has plasmado lo que nos pasa a la mayoría en nuestras vidas. Porque todos somos muñecos: nos rompemos, nos cosemos las heridas, nos hacemos viejos, nos tiran cuando nos han usado...

    Pero llego a una conclusión y es que por muy viejo que sea el muñeco, siempre hay alguien que jugó con él y que por muchos años que pasen, será recordado.

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  2. Esta entrada también me gustó muchísimo y además que este texto fue una de las primeras cosas que leí tuyas, si no la primera, y desde entonces te admiro! Lo sabes.
    Me parece increíble la forma en que te expresas y como queda reflejado algo de manera que nos podamos sentir identificados con ello, porque así es. Me encanta, de verdad. Podría decir que es mi texto favorito tuyo, hasta ahora, porque como mejores mas todavía, y se que lo harás, que tiemble la literatura de todo lo que puedes ofrecer!

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