martes, 18 de diciembre de 2012

"Sueños Cumplidos"




Hoy os traigo una pequeña historia que se me ha ocurrido a lo largo de la noche. Sí, quizá podría haber sido más extensa, pero tampoco quería alargarla más de lo necesario y quería que el mensaje quedara claro. En ciertas partes es posible que me sienta identificada, pero... ¿Quién no se sentiría identificado con ello? No solo se trata de ser escritora sino de que cualquiera puede conseguir lo que se propone, no hay que desesperar, aunque las cosas estén muy negras en el horizonte.

Recordaré siempre la primera vez que sostuve un libro entre mis manos. Era pequeña, pero lo suficientemente grande como para saber leer y poco a poco entender lo que aquel gran libro quería enseñarme. Abrir la tapa de un simple libro, pasar las páginas una y otra vez hasta que el final se acercaba inminentemente. ¡Maravilloso! ¡Novedoso! Algo que sin lugar a dudas todos deberían descubrir. 

Pronto me convertí en una lectora voraz, que aprovechaba cualquier momento, cualquier rincón para dejar que el libro que sostenía le mostrara las más bellas historias que habían sido plasmadas con palabras. Cada libro era una aventura para mí, un lugar donde esconderme, cobijarme y pasar un buen momento. No es que mi vida no fuera agradable ni mucho menos, pero en ocasiones, se necesitan ciertas vías de escape para evadirte de un mundo que siempre es igual de monótono. 

Cualquier género me venía bien. Daba igual un libro de historia, terror, romántico, crudo, suspense o incluso algún que otro ensayo. Éstos últimos eran los que menos me gustaban, los que más me costaba leer, aunque nada es imposible para aquellos que adoran la palabra escrita. Muchos autores pasaron por mis manos dejando su huella, su sabiduría, sus historias y haciendo que me creara un mundo de ilusiones, pero también de desengaños. 

¿Por qué desengaños? Siempre he sabido que no todos los libros podían ser grandes historias que me encantaran, pero he descubierto libros aburridos, historias interminables, mal contadas, mal redactadas e incluso alguna copia de otro libro mucho mejor se ha colado entre mis manos. Sí, decepciones que molestan mucho. 

No obstante, siempre es bueno leer de todo un poco. En el fondo así es como se aprende, viendo lo que te gusta, sabiendo que has probado todo aunque al final no te haya agradado. Conocer a los autores, saber que los rusos son más soporiferos, quizá por su larga manera de escribir o que el suspense siempre suele acabar de la misma manera. 

Y mientras miles de libros pasaban por mis manos, llenaban mis estanterias y dejaban mis bolsillos sin dinero... ¡me di cuenta de una gran cosa! Yo también había empezado a escribir poco a poco, dejando plasmar las locas ideas que pasaban por mi mente, incluyendo en mis relatos aspectos que me inventaba cuando escuchaba música o incluso cuando intentaba conciliar el sueño. 

¿Y si quería ser escritora? ¿Sería posible que yo también viera publicada una historia bajo mi nombre? En el fondo, sabía que era una tarea difícil, más en un mundo como el de ahora. ¿Quién dijo miedo? No iba a rendirme y así comencé mi largo camino como “futura” escritora. Algo que podría prolongarse muy en el tiempo. 

Sin embargo, pronto aprendí que la perseverancia es mucho más eficaz en este tipo de situaciones. No hay que dejarse vencer, aunque caigas, tienes que volver a levantarte, intentarlo y dejar que llegue la oportunidad que siempre has estado esperando. Aunque bien es cierto que primero tienes que saber sobre qué quieres escribir, nadie se sienta en la silla, se pone frente al ordenador y deja que la historia salga sola. 

Yo quería dedicarme a los niños, a los cuentos, quizá más adelante crear una saga adolescente y si la cosa iba bien dar el salto a los adultos. En el fondo, me gustaba el mundo imaginario que podrías mostrar a un niño, la inocencia y también el saber que gracias a ti han deseado leer más allá de lo que le mandan en el colegio. Tal como me pasó a mí. 

Días, meses, años hasta que mi primera obra salió publicada... Cuando mi nombre apareció sobre la cubierta de aquel pequeño libro de bolsillo tuve ganas de gritar de alegría, seguida de las lágrimas que se derramaban de mis ojos y también del sentimiento de saber que había hecho todo lo posible por alcanzar ese sueño que siempre había tenido. 

Las ideas iban circulando por mi mente mientras mis dedos tecleaban con fuerza hasta que una nueva historia estaba lista para ver la luz del día. Primero fueron los niños, después los adolescentes y por último los adultos. No obstante, siempre volvía a los cuentos porque la fantasía mueve montañas y la mía se desbordaba en mi mente cada vez que la imaginaba. 

Una gran historia ¿verdad? Me encantaría que todos los días fueran así, que todas las personas pudiéramos conseguir nuestros sueños, que participáramos en lo que queremos y nos sintiéramos bien con nosotros mismos. Pero todos debemos recordar que los sueños también implican grandes sacrificios y el primero de ellos es no venirse abajo. Lucha por lo que quieres, demuestra lo que vales e intenta ser siempre tú. 

Espero sinceramente que os haya gustado. Se puede aplicar a cualquier profesión, cualquier persona, solo cuenta la fuerza con que lo intentes y las ganas que tengas de conseguirlo. Así que esto va dentro de las reflexiones... Siento si hoy no os traigo novedades, ni reseñas, ni críticas, pero en el día de hoy me apetecía hacer algo diferente. Escribir, algo que hago todos los días, aunque no siempre relatos con mi libre albedrío.

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