domingo, 20 de enero de 2013

"La vida es una carrera"




Hoy me apetecía escribir un poquito y la verdad es que esto es lo primero que ha venido a mi cabeza. Quizá sea la situación del momento, mi propia mente o saber qué cosas se pasarán por esta cabeza loca. Espero que no lo toméis demasiado en serio y sobre todo que hayáis disfrutado un poquito de lo que se dice en el texto ;)

Quizá no nos hayamos dado cuenta, pero nuestra vida es una rutina que se reproduce, día tras día, mes tras mes, año tras año. Siempre tenemos algo pendiente, un motivo para salir corriendo de casa, un sitio al que llegamos tarde, una visita que tenemos que hacer, unos deberes que deberíamos haber hecho, un examen que nos espera a la vuelta de la esquina o quizá un trabajo al que dedicarnos.




En el fondo, todos necesitamos ese pequeño “punto de apoyo”, como si fuera una aventura que motivara nuestra vida y la hiciera girar como las ruedas de un coche. Sin ella, podríamos quedarnos parados, sin saber qué hacer, cómo continuar. Desde que nos levantamos, todos buscamos algo que hacer, no quedarnos quietos en una casa que se vuelve excesivamente grande. ¿No os habéis sentido así? ¿Qué ocurre cuando perdemos nuestra rutina?

Las etapas se terminan, nuestras labores se desvanecen y cuando solo queda el vacío somos nosotros los que tenemos que encontrar algo nuevo que nos apasione. Es difícil buscarlo en estos tiempo, pocos somos los que sabemos qué queremos hacer, pero el mayor obstáculo no es “saber qué hacer” sino poder hacerlo. En ocasiones, no somos capaces de completar nuestra aventura, no por nosotros, sino por todas las circunstancias que nos rodean.

¿Y qué hacemos en esos momentos? Nada de rendirnos, tenemos que ser fuertes, también valientes y no dejar que acabe con nosotros. Si queremos rutina, eso es lo que tenemos que buscar, lo primero en lo que tenemos que pensar cuando empieza un nuevo día. No podemos dejarnos caer sobre una silla y esperar que el día pase, que el sol nazca un día más y acabe siendo reemplazado por la luna en la oscuridad.

¿Qué serían los domingos si nuestro día a día fuera como un “domingo” cualquiera? Perderíamos la alegría del fin de semana, el saber que no tenemos que hacer nada por obligación, que podemos sentarnos en el sofá y “vaguear” todo lo que queramos. Algo que a muchos les llena de alegría y a otros les horroriza. ¿O no es verdad? ¿No disfrutáis el doble de los domingos?

Solo pensar en el frío aire que sopla durante todo el día en estos meses de invierno, saber que fuera es posible que esté lloviendo y vosotros mientras estáis en el sofá, acurrucados, con el mando en la mano y pasando los canales hasta que encontráis algo que os llama la atención. O quizá quedando con amigos en vuestra casa, en la de ellos o dando una vuelta por el centro comercial. Algo que posiblemente no hacéis todos los días, algo de lo que disfrutáis en esos días de domingo.

Nos gusta la rutina, saber que tenemos algo que hacer en el día, que nos esforzamos para recibir una recompensa. Aunque muchos aseguren que están cansados de ella, en el fondo, siempre volvemos a lo mismo. ¿Qué sentido tendría entonces la palabra “romper con la rutina”? ¿Para qué nos iríamos de vacaciones a disfrutar del sol o la montaña? No puede existir una cosa sin la otra, o más bien, nuestra vida no sería plena del todo si no existieran ambas y se complementaran.

Es nuestro camino, nuestra aventura, somos nosotros los que ponemos las ruedas que nos llevarán a la final... A un descanso que muchos soñamos con encontrar al final de la semana. Yo por mi parte, encontraré mis propias ruedas, esas que me lleven rápidas y si no soy capaz de encontrarlas por las circunstancias, haré lo que haga falta para conseguirlas. Al precio que sea, no importa lo que cueste, lo que haya que hacer... ¡Todo con tal de llegar al final de la aventura!

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