jueves, 26 de noviembre de 2015

Cumpliendo el sueño neoyorkino (II)



Han pasado unos días desde la primera entrada de Nueva York y os prometí que no sería la última. Tengo pensadas muchas más porque quiero mostraros el espléndido viaje que viví y así también os animo a que vosotros emprendáis esa aventura que es internarse en la gran ciudad neoyorkina.

Después de un sueño que pudo ser más o menos reparador para todos, nos levantamos con un sol espléndido y con un poquito de frío. ¿No se suponía que iba a descansar en mis vacaciones? Las siete de la mañana no es hora para abrir los ojos, pero si uno quiere descubrir tiene que invertir tiempo y madrugar es un placer cuando no se va a trabajar.




Mi idea inicial era contaros el viaje como si fuera una crónica, para que pudierais seguir mis pasos por cada calle, pero me he dado cuenta de que quizá resultaría demasiado pedante y cansino. Así que he cambiado mi estrategia (una retirada a tiempo siempre es una victoria) y voy a centrarme en los sitios de interés que he visitado.

Es muy posible que me deje más de uno en el tintero porque he visto muchos así que os animo, a los que queráis seguir esta historia, que me los recordéis en vuestros comentarios y tened en cuenta que aún quedan otras entregas por venir. ¡Quizá en una de ellas se encuentre ese lugar que mencionáis!

¿Y qué nos toca visitar hoy? Nada más y nada menos que Central Park y el puente de Brooklyn. ¡Sí, dos sitios increíbles y maravillosos! Después de verlos con mis propios ojos, solo puedo decir que estoy impresionada y que no los olvidaré en la vida. Creo que son lugares que reconocerías incluso años después.

Central Park


Central Park es el pulmón de Nueva York, el sitio donde la naturaleza respira y nosotros también, de todos esos efluvios que desprende una gran ciudad. Sabía que me iba a impresionar, a pesar de haberlo visto en fotos miles de veces, pero jamás pensé que me quedaría con los ojos como platos. 

Sí, no deja de ser un parque con árboles como otro cualquiera. Seguro que más de uno lo está pensado y a la vez lo está comparando con "El retiro" o con "La casa de campo"  (los que seáis de Madrid y los que no... ¡Por favor decidme esos sitios que me encantaría conocerlos!).

Pero no tiene nada que ver. Nada más entrar podemos ver los típicos puestecitos, no solo con los famosos "hot dog" sino también con palomitas, gofres y miles de chucherías más. ¿Qué niño o adulto no lo adoraría? 

Pero lo que más gusta es la tranquilidad que se respira a pesar del bullicio de la gente. Porque hay mucha, mucha gente, pero solo necesitas cerrar los ojos para sentir que desaparecen. Mi amiga la ardilla se paseó unas cuantas veces a mi lado, quizá para que le prestara atención y le echara más de una foto. Me sorprendió que en los bancos hay inscripciones de gente, con nombres de personas o de parejas.



Caminas, caminas y no llega el final. Es inmensamente grande y me sorprendió ver que hay tres carreteras que lo cortan. Ver eso fue dejarme loca por un segundo, eso sin contar los dos ciclistas que se chocaron y acabaron en el suelo. Y a medida que caminas, no solo ves árboles (que sé que más de un mal pensado lo habrá pensado) sino que tiene unos lagos impresionantes, y muy bien cuidados. Para hacer una breve pausa, nos quedamos en un pequeño castillo que se utilizaba para "predecir el tiempo" y mi gran sorpresa fue ver durante ese rato a una pareja casándose.

Sí, sí habéis leído bien. Ella estaba en vaqueros y jersey, él más de lo mismo y el cura entre ellos. ¿No hay vestido? ¿No hay testigos? Sí, testigos había muchos porque estábamos todos para confirmar que se estaban casando. No soy propensa a las bodas, creo que he visto más estando en Nueva York que en mi propia ciudad, pero os juro que estaba deseando que el cura dijera "puedes besar a la novia" para empezar a aplaudir. ¿Será por la magia del momento? ¿Por lo surrealista que era? 

Pero después de una larga caminata siempre se necesita un descanso, un alto en el camino que nos deje tomar aire y continuar nuestro camino. Así que aprovechamos para comer, sí un "hot dog" con una buena Coca Cola en la mano y sentados en pleno césped. ¡Qué gozada! Comiéndote tu perrito caliente, con la ligera brisa dándote en la cara y las risas como música. Y después tumbarte en la hierba, cerrar los ojos para protegerte del sol e incluso rodar como una croqueta.

No hay nada como esos buenos momentos para sentir que un viaje ha merecido la pena y eso que acabas de empezarlo. Como último punto de Central Park, recalcar el enorme o más bien inmenso lago que tiene, y que podéis ver en el montaje que os he puesto a lo largo de este relato. ¿Alguno duda de lo grande que puede llegar a ser? 


Puente de Brooklyn


El puente de Brooklyn ha sido escenario de más de uno de los libros que he leído, recuerdo las escenas que J.R. Ward ha escrito en ese lugar y miles de recuerdos me asaltan continuamente. Así que podéis imaginar las ganas que teníamos de pisarlo y sobre todo cruzar hasta Brooklyn y quedarnos un ratito en Battery Park.

Es curioso la forma en la que se puede transitar por el puente, sobre todo porque en un lado vemos a la gran masa de coches que se abren paso para cruzar y un poquito más arriba, tenemos a los peatones que circulan en ambos sentidos y sortean a los ciclistas que bajan raudos por el carril bici.

Es un puente muy antiguo pero que además está creado así aposta. Recuerdo que yo y un amigo mío tocamos las "cuerdas" solo para comprobar que es acero puro. Pero tienen ese toque especial, en el que parece que realmente son cuerdas lo que lo sostiene y no la acción de acero cargando con ese gran peso. Parecerá una tontería pero son de esas cosas que hasta que no lo tocas... No lo puedes creer.



¿Cuántas fotos nos pudimos llegar a hacer? No las podría ni siquiera contar, pero bueno muchas acabaron en la papeleta digital porque salía una cabeza o alguien se había colado por medio. ¡Sí, aquello parecía el día del rastro y todo el mundo caminaba de un lado al otro! Ves a los "carritos" de la policía para preservar la seguridad y el orden.

Y cuando cruzamos el puente sentimos que estábamos en otro lugar. No es que Brooklyn pegue un cambio espectacular, pero entrar en Battery Park fue como encontrar un pequeño reducto de paz, donde por cierto vimos otras tres novias. ¿Alguien tiene fijación por casarse en Nueva York? 

Paseamos mientras veíamos la orilla del río, admiramos el tiovivo cerrado que tienen allí, nos tomamos un café tranquilamente sentados en un banco y contemplamos cómo el día iba dejando paso a la noche. Ver cómo se iluminan los edificios de Manhattan, llenándose todo de luz sobre un fondo negro oscuro y piensas que es la estampa más bonita que has podido ver.

Después solo queda desandar todo lo que has caminado durante el día, volver a ver el puente de Brooklyn desde una perspectiva distinta (de noche), encaminarte a un buen sitio donde cenar y divertirte un rato antes de volver a tu hotel.

Os recuerdo que solo hablo de dos sitios que visitar pero que no se hicieron a la vez, sobre todo porque no pillan para nada cerca y hay que coger el metro para poder llegar sin destrozarte los pies, pero me apetecía presentarlos de esta manera. ¿Qué monumentos serán los siguientes? ¿Cuáles os gustaría que os contara? Gracias a todos los que me seguís y dejáis comentarios :)

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