miércoles, 11 de noviembre de 2015

Cumpliendo el sueño neoyorkino (1)



Nueva York puede parecer un sueño inalcanzable y muchos aseguran que es un viaje de una vez en la vida. ¿Merece tanta expectación? ¿Cruzar el charco para ver los rascacielos es tan emocionante? ¿Qué tiene Nueva York para hacer soñar a las personas? Nada como una experiencia propia para saberlo...

Los nervios pueden no dejarte dormir la noche anterior, pero vas a tener muchas horas para pensar en ello y más en un viaje de ocho horas. Seguro que muchos creéis eso y nada más lejos de la verdad. El vuelo fue tan placentero, con una atención muy buena por parte de los tripulantes, que apenas se hace largo.

Los verdaderos nervios llegan cuando aterrizas en suelo estadounidense y vas con tus maletas a rastras mientras sujetas tus papeles. Pasaportes, el formulario ESTA, la declaración de aduanas y miras de reojo a todos los carteles. Todos vamos siguiendo el mismo camino hasta que nos detenemos ante el primer puesto de policía.




No voy a engañaros. Todos esos controles de policía imponen muchísimo, parecen incluso más intimidantes que los que hay en España, pero si no tienes nada que ocultar (que sería lo normal), no tienes que preocuparte de nada. Solo sigue las instrucciones que ellos te den y si vas acompañado de amigos... Solo tienes que saber que os encontraréis en la zona del equipaje.

Algunos policías te llevan a otra sala para que te sellen el pasaporte, otros lo hacen ellos mimos o al menos esa fue mi impresión, porque a mí me llevaron a una sala aparte y mis amigos se quedaron detrás. ¿Me vieron cara de sospechosa? ¿Saltó una alarma? La verdad es que no lo sé, quizá el policía solo quería darse un paseo... ¿Quién sabe? 

Nuestra idea inicial era tomar un taxi para ir directamente al hotel, pero vimos que había alternativa de ir en un autobús que te dejaba en "Penn Station" y estaba bastante cerca de nuestro hotel. Así que nos montamos con confianza y rodeados de personas de diferentes procedencias... Italianos, argentinos, alemanes e incluso franceses. ¿Quién da más? 


Juro que jamás volveré a quejarme del tráfico en Madrid después de ver la cantidad de coches que hay en Nueva York. Ahora todo me parecerá fácil, sencillo y tranquilo cuando vaya por el centro de la capital española. ¿Y a quién no le pasaría? Desde tu ventana vas viendo los taxis con su característico color amarillo, los autobuses escolares con su señal de "stop" y las furgonetas invaden los carriles.

Me maravilla no haber visto ni un solo coche pequeño y es que allí son de vehículos más bien grandes. Mis ojos han visto un montón de todoterrenos, limusinas y mil coches más con marcas cada vez más importantes y caras. Eres como un niño con un juguete nuevo y vas mirando todo con mucha atención.

El camino desde la estación hasta el hotel está lleno de maravillas. Tu cuello empieza a doler de tanto mirar los edificios, de alzar la vista y recorrer los infinitos metros que hay desde el suelo hasta el final, elevándose hacia el cielo. Escuchas un coro de voces en inglés, en español, en mil idiomas a la vez. Te fijas en las tiendas, en las carreteras, en los semáforos y en los pasos de cebra.

Todo es nuevo e impresionante. Os aseguro que en Manhattan no tienes opción de perderte, las calles son rectas y largas, solo tienes que guiarte bien con el mapa. Gustazo el llegar al hotel y que el botones se ocupe de tus maletas. Debo decir que me quedé algo parada cuando me quitó las maletas y las puso en el carrito porque no estaba para nada acostumbrada a ello. Y te preguntas cuánto deberías darle y cuál es la propia aconsejada en esos casos.

¿Sabéis lo difícil que fue decidir dónde ir primero? Nueva York te ofrece miles de posibilidades y tú no sabes cuál elegir primero. Empire State Building, Rockeffeler Center, Central Park, la Estatua de la Libertad o Times Square. Al final, esta última ganó la batalla y nos fuimos al lugar donde nunca se hace de noche. Es impresionante la iluminación que consigue, la sensación de que es de día, la cantidad de carteles de neón que hay.

Aprovechamos para tomar algo y llegar cenados al hotel. Pero lo mejor fue recorrer Times Square, sentarnos a descansar un poquito y encontrarnos con un hombrecillo, que sostenía un cartel de "Loves Jesus" y que nos dio una buena charla sobre porqué querer a Jesus y porqué nuestras almas serían condenadas. Fue curioso encontrárnoslo en Wall Street varios días después. ¿Casualidad? 

El primer día no tienes tiempo de sentir el cansancio, a pesar de que llevas muchas horas en pie y que ni siquiera has dormido en el avión, pero todo sea por ver lo que está por llegar. Y así termina mi entrada de hoy, finalizando con el primer día y dejando que mis dedos escriban la siguiente, que se centrará en los sitios que visité durante mi corta aunque disfrutada experiencia en Estados Unidos.


1 comentario :

  1. Es una ciudad que nunca olvidaré. He tenido la suerte de conocerla y sueño con volver allí por más tiempo y tranquilidad. Es algo de lo que nunca me arrepentiré. Es verdad que yo soy de las que cada viaje tiene sus cosas especiales, nunca olvido ninguno pero ¿éste? ¡Aún menos! Una experiencia única de verdad, es una de las cosas que tienes que hacer al menos una vez en la vida :D con sus cosas buenas y sus cosas malas QUE LAS HAY jajajajaja ;)

    Me encanta tu crónica!

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